(A las víctimas del tiroteo de Manhattan, in memoriam)
Conocí una vez a un tipo en Facebook que intentaba escribir una historia de la offseason de la NFL y la quería llamar From Pistol to Guns: a violent and american story. Era tan deprimente que la abandonó a la mitad. Somos, decía él, una nación joven e insensata cuyo paradigma ético son las historias del salvaje oeste: racismo, violaciones, asesinatos, alcoholismo, genocidio… La relación de los americanos con las armas (con la violencia en general) es muy compleja y desde fuera me resulta imposible de justificar. El caso es que, en una liga en la que convivimos de manera habitual con malos tratos, accidentes mortales con coches de altísima gama, todas las drogas del diccionario, abusos, tropelías, excesos, suicidios, tiroteos y vandalismo en todas las formas posibles, el lunes despidieron a un jugador por darle un beso en la calva a un compañero.

Los Raiders le han enseñado la bonita puerta de las instalaciones, cristal, negro y plata, por fuera al bueno de Christian Wilkins. Desde entonces han ido surgiendo, como setas a la sombra de un robledal, los vídeos de partidos en los que Wilkins, con diurnidad y algarabía, aprovechaba los tumultos formados en las jugadas para meter mano, literalmente, a propios y ajenos. Que al muchacho le va la carne es obvio, que a su compañero le pareció mal ese momento inesperado e indeseado de intimidad, se entiente, pero despedir así de buenas a primeras a alguien por un beso… Oh, Wait! El caso es que ha trascendido que, entre las partes, existía un tenso y duradero debate sobre la necesidad de operarse de una lesión y que los propietarios habrían aprovechado el ósculo para enseñarle el oscuro callejón de salida al fantástico jugador. Pégame cuatro tiros pero no se te ocurra volver a besarme.

Mientras tanto y no, Los Ángeles Chargers han convertido a su left tackle titular, Rashawn Slater, en el línea ofensivo mejor pagado de la historia. 114 kilos (92 garantizados) tienen la culpa. Esto estará vigente hasta que renueve el próximo tackle élite. La cosa no tendría mayor repercusión de no ser porque el bueno de Rashawn (o su pléyade de abogados) retuvo la firma del contrato con los Chargers hasta no estar legalmente divorciado de su ya triste esposa. La buena muchacha ha perdido la mitad del botín por unas horas: pudo ser asquerosamente acaudalada y se quedó solo en rica. Nosotros, que vivimos en bienes gananciales con el Estado, entendemos a la perfección la jugada de Slater y le aplaudimos por su movimiento previsor.
En la costa opuesta, mientras Rashawn rubricaba, el rookie de Tampa Bay, Desmond Watson, daba vueltas alrededor del campo. Desmond, tackle defensivo, undrafted, también tiene un récord de la NFL a su nombre, pese a llevar apenas unas semanas en la liga. Es el jugador más pesado de la historia. Frisando los 450 pounds, más de 200 kilos al cambio, esta mole, procedente de la Universidad de Florida, llegó a alcanzar los 210 el curso pasado, pero está en proceso de adelgazamiento. En Florida le llamaban la montaña inamovible. El equipo le ha puesto en la lista de Lesiones no relacionadas con el football e intenta hacer de él un jugador mejor, más ligero y más sano. En la franquicia reconocen estar bastante lejos de ese momento pero ven el futuro con optimismo (entiendo que no lo ven con Desmond delante eclipsándoles). El tema es que el tío es ágil y rápido para ser un armatoste de 2 metros y 200 kilos. Pero claro, tampoco quieren que se les vaya de las manos y que pierda su habilidad disruptiva: en el club le consideran un verdadero tush-push killer. Así que, nada, le tienen dando vueltas sin parar al campo de entrenamiento, sudando a la fresca de la florida, comiendo lechuga y vegetales del país y con cara de mala leche. Adelgaza ma non troppo.

Me encantaría que Tampa fichara a Wilkins para entrenar con Watson, me lo imagino corriendo campo a través huyendo de los improvisados besos de Wilkins mientras suena la música de Benny Hill. Nada como ser un poco incorrecto en días como estos.
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