La vida de Cecile Blount (no confundir con LeGarrette) DeMille es la historia de Hollywood. Su primera película, rodada en California, provocó el traslado de la industria entera desde Nueva York y Nueva Jersey a tierras más pacíficas y soleadas. Influyó de modo directo y decisivo en la creación de la Paramount y a su nombre están varias de las más grandes superproducciones de la época. Sinónimo de éxito, de grandilocuencia, de repartos estelares, de miles de extras y de entretenimiento puro y duro. Atravesó con éxito el éxodo del cine mudo al sonoro y cuando no tenía nada mejor que hacer se versionaba a sí mismo: su película más conocida, la última, tuvo una primera versión, muda, más de treinta años antes, como parte de su conocida trilogía bíblica junto con Rey de Reyes y El signo de la Cruz.

La idea de volver a rodar Los diez mandamientos siempre le había rondado la cabeza al bueno de Cecile. Aplicar las nuevas tecnologías para crear una película a la altura de la historia que se contaba. Había recibido numerosas cartas durante los años cuarenta pidiéndole que así lo hiciera: después de la Segunda Guerra Mundial la gente necesitaba referentes morales y éticos para volver a encauzar sus vidas y un severo recordatorio de la verdadera Ley de Dios. Se reunió con Zukor y los mandamases del estudio justo después del lanzamiento de la película circense en la que estaba trabajando. Les vendió la idea del Príncipe de Egipto que se encuentra con sus verdaderas raíces y la cosa echó a andar. Venía de trabajar con Charlton Heston y le pareció la opción más obvia como Moisés. A pesar de estar nominada a siete Oscars solo ganó el de efectos especiales y no fue un triunfo sonado: apenas había otra cinta nominada, la joya de Ciencia Ficción Planeta Prohibido. Una ceremonia en la que El hombre que sabía demasiado, de Hitchkock, solo optaba a un premio (y lo ganó) por la mítica canción de Doris Day del Qué será, será, os podeís imaginar el nivel Maribel. Las grandes triunfadoras de la noche fueron El rey y yo y La vuelta al mundo en 80 días. Viva Cantinflas.

Por la película por la que sí obtuvo reconocimiento académico De Mille (el único a título personal) fue aquella de temática circense que en España se llamó El mayor espectáculo del mundo y donde destaca un James Stewart al que nunca se le llega a ver la cara del todo, va siempre caracterizado de payaso, maquillaje y vestimenta. Años después, como homenaje y para bautizar a los Rams de finales de los 90, aquellos con Kurt Warner y Marshall Faulk que ganaron el anillo del 99 y que fueron los primeros en alcanzar los 500 puntos en 3 temporadas consecutivas con un ataque imaginativo, veloz, audaz y que, como aquellas producciones de De Mille, estaba plagado de estrellas, se les empezó a llamar The great show on Turf, el mayor espectáculo sobre hierba artificial.

Las 3 horas que vivimos los domingos por la tarde, entre las 7 y las 10 hora peninsular, son las mejores de la toda la televisión mundial. El Redzone es como nada es así. Durante más de 180 minutos no te da tiempo ni a respirar. El balón vuela de un partido a otro sin solución de continuidad. Ayuda que es el deporte más espectacular, claro. Ayuda el mimo y la calidad con que lo producen, faltaría más. Ayuda un anfitrión como Scott Hanson cuyo trabajo y verbo fácil y explosivo son ya un sello más del producto, sí (aunque, como a James Stewart, apenas se le vea la cara). Pero luego el guion es el que es y en eso la NFL tiene una suerte loca tropical. Siempre. Anoche, 21 de septiembre de 2025, durante la auto denominada Hora Bruja, tuvimos el lapso más espectacular de fútbol americano que este humilde firmante recuerda. De los 9 partidos que se jugaban en esa primera franja del Domingo, 5 llegaron apretados hasta el final, la posibilidad de una o varias prórrogas se cernía como una sombra sobre los encuentros de las 10 de la noche aunque, al final, no se llegara a jugar ninguna. Los Patriots y los Steelers se empeñaban en no ganar, fumbleando como locos, Texans y Jaguars no querían coger el mando de la AFC Sur en una competición de desatinos y torpezas propias de una de Chaplin, después de perder por casi 20 puntos y mostrar una inoperancia sospechosa (y van 3 partidos) los Eagles se acordaron de que son los campeones y ganaron a lo campeón, o sea a lo Chief, o sea inmerecida pero gloriosamente retornando para touchdown un field goal bloqueado que les hubiera endosado la primera derrota del curso, algo parecido a lo que les pasó a los Jets que casi a la misma hora bloqueaban y retornaban otra patada pero de Tampa: su delito fue dejarle casi dos minutos a Baker Mayfield, el panadero llevó la pelota a Egbuka y éste le dio la opción a McLaughlin de redimirse convirtiendo así a su equipo en el primero de la historia que gana los 3 primeros partidos de la temporada gracias una jugada en los últimos segundos después de ir perdiendo durante el último cuarto. Y por último, Smyzt, nuestro amigo André, que en 10 días ha pasado de villano a héroe de este drama por entregas que ni pagando a los mejores guionistas de Hollywood podrían conseguir un producto parecido. Después de arruinar todas las opciones de su equipo el primer día fallando por dos veces la patada ganadora, ayer a tiempo cumplido y para confirmar el upset más gordo de lo que va de temporada, alojó entre palos un chut de 55 yardas después de que sus compañeros realizaran un prodigio defensivo de una hora y destaparan las vergüenzas de unos Packers que todos veíamos como favoritos al anillo ya en septiembre.
La narrativa de esta liga es insuperable. Se podrían escribir grandes películas todas las semanas con las historias que nos va dejando. Películas dignas de Cecil B DeMille, uno de los mejores directores y sin duda uno de los más prolíficos. Cada domingo se demuestra que la NFL es El mayor espectáculo del mundo.

Descubre más desde Los Índies de la NFL
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


