La octava temporada
Dejando atrás la carpa de entrantes y canapés que es la pretemporada y ya frente a la puerta de ese casoplón americano que nos lleva a la regular season, hago recuento con los dedos y confirmo que esta será mi octava temporada. Ocho años desde que la pelota oval despertó mi curiosidad, mi fascinación y mi sorpresa. Aquí sigo, en este recuncho de la península, tras un par de placajes de la vida dignos de linebacker y de los que me me he levantado con la misma tozudez con la que trataba de entender este deporte.
Vigo y la soledad del fan
Vigo es una ciudad que me encanta. Aquí nací, aquí crecí y aquí sigo viviendo. Es un paraíso con cuestas, con algunas de las mejores puestas de sol que se pueden ver y con un clima agradecido para ser Galicia. Pero —siempre hay un pero— nadie de mi entorno cercano comparte esta pasión por el football. Y desde el primer día he tenido que cargar con algo que muchos reconocerán: la soledad del fan.

Sé que en Galicia hay más aficionados de los que parece. Hubo una época con varios equipos y hasta federación gallega, y también está el norte de Portugal, aunque todo eso lo fui descubriendo con el tiempo. Mientras del Celta puedo hablar con cualquiera —con mi vecino David, que vende cupones en la puerta de casa, o con un desconocido en el ascensor si no quiero tirar del clásico “qué buen tiempo hace hoy”—, con la NFL eso nunca me pasa. Lo primero que escucho es un “uf, con lo lento que es” (lento, dicen… jajaja). O el inevitable “ah, ¿te gusta el rugby?”.
Hubo un tiempo en el que perseguía a cualquiera que viera con una camiseta para preguntarle si seguía la NFL. Y siempre la misma respuesta: “no, es que me gusta la ropa”. Al final desistí. Ya no lo hago.

Hablar de football con todos
Eso no me ha impedido hablarle a todo el mundo del football americano. Mi círculo —muy reducido, por cierto— me quiere de verdad porque me aguanta cuando les hablo de Mahomes, de Allen, de pases imposibles y defensas depredadoras. Incluso antaño, cuando les soltaba mis peroratas, me miraban con cariño y me decían:
—¿Por qué no haces un podcast?
¿Un podcast? Pensaba yo. Si ya tenemos la frase mítica de la comunidad, “un aficionado, un podcast”. Y con lo que saben otros, ¿a dónde voy yo?
El pick’em y las madrugadas
Igual que busqué las normas, encontré en internet a personas con las que empezar a compartir partidos. Probé la Fantasy pero lo que realmente me enganchó fue el Pick’em. Eso sí que me gusta, convierte cada jornada en un pulso distinto. Así fui mitigando la soledad. Aunque al terminar el partido, cuando es tarde y el chat se apaga, vuelves a quedarte a oscuras, con la luz LED de la tele y la voz de Ibeas, o de Moi, como única compañía.
Anécdotas y aprendizajes
En este tiempo también me llevé alguna decepción, pero seguí fiel a mis dos teles de los domingos. Hubo un año en el que mi primo se puso conmigo a ver la NFL. Escogió a Lawrence como su primer quarterback solo para llevarme la contraria: jugaba contra los Chiefs. Pero un día lo pillé mirando de reojo a los Steelers y le dije: normalmente es el equipo el que te elige, no al revés.
Duró solo una temporada, y me ahorro el típico refrán de lo que tira a uno. Aun así, esa experiencia me dejó una enseñanza: si conoces a alguien interesante que se asoma a este deporte, no pierdas la oportunidad de compartirlo.
Gente maravillosa
Porque, como os decía, si el football a veces me puso alguna decepción delante, también me ha regalado gente maravillosa. Como Brais, un Bronco que intentó durante horas conseguirme la entrada para la NFL en Madrid: eso ya lo dice todo. O Sean, mi amigo de Denver: hace muchos años que no nos vemos pero el football es una excusa más para hablar y mantener viva nuestra DenvaConection. Y José, mi coach portugués, que es de los Giants y del que estoy esperando un audio para una cápsula muy chula.
También me acuerdo de Petxiño, Veciño, Taker (qué lindo reconocernos en Vallehermoso), Santi (a ti no te vi esta vez), Arturo, Pepo… y tantos más.
Y, por supuesto, a Aaron e Iris (a ver si quedamos de una vez).
El nacimiento del podcast
Siguiendo la liga de primavera e interactuando en Twitter, apareció un guion bajo que cambió las cosas. Alguien preguntó:
—¿Y si hacemos un podcast?
Y si algo soy es de empujar para adelante. No era mi primer proyecto, pero sí el primero en el que decidí no quedarme en las sombras.
Así conocí a mis compis. Y durante unas horas a la semana me reúno virtualmente con ellos: hablamos, compartimos, pero sobre todo yo aprendo de football.
Un respiro en Madrid
La vida a veces te lanza nuevos linebackers justo cuando creías que tenías el lado ciego bajo control. Esa es la trampa: pensamos que podemos con todo y de repente llega un placaje que te deja sin aire. Ahora mismo, entre el trabajo y las responsabilidades, siento que casi toda mi energía se va en sobrevivir al día a día.
Y sin embargo, hubo un respiro. Mi escapada a Madrid con mi amiga Rolly, con mi querido Fran y el encuentro con mi compi de podcast Carlos Ayuso. Fueron 24 horas intensas, reparadoras, como un drive perfecto en mitad de un partido difícil. Ver a los Madrid Bravos en la ELF y vivir ese ambiente me devolvió fuerzas que creía perdidas.

Volver a conectar
Poco a poco vuelvo a conectar con mis compañeros de proyecto. El espacio ha crecido, se ha hecho más grande y yo también estoy regresando con más ganas de grabar. Ahora, además, tengo la oportunidad de escribir en él. Y aquí estoy, empezando este camino.
Un domingo cualquiera
Empieza mi octava temporada, decía. Y aprovechando que en la week 1 el partido del viernes al sábado me permite trasnochar, ya me he puesto en contacto con un bar que lo va a emitir. Posiblemente líe a mi hermano y vea un partido en este recuncho de España, acompañada, pernoctando con mi camiseta de Mahomes. Desde luego, esta octava no se parece en nada a la primera. Y creo que la NFL debería tener en cuenta la publicidad gratuita que le hago. Porque soy cabezota y se me ha metido en la cabeza que en Vigo voy a lograrlo: reunirme con más gente para ver partidos. Sé que estáis ahí y que tarde o temprano nos encontraremos.
Quizá un domingo cualquiera termine, por fin, la soledad del fan.

Descubre más desde Los Índies de la NFL
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


