Le llamaban el General porque lo era y ostenta récords que hoy nos parecen imposibles y que jamás podrán volverse a batir. Sports Illustrated le eligió mejor coordinador defensivo del siglo XX en su equipo All-American 20th century best college team, aunque su nombre nos suene poco o nada. En puridad, él solo fue asistente durante un corto periplo en Army, a principios de la década de los 20, después de volver de París donde luchó en la primera guerra mundial. El resto de su carrera en los banquillos fue como entrenador en jefe. En Tennessee. Esta es su historia.

Su primera temporada como coach fue en 1926, hace estas semanas justo 100 años. Elaboró un memorando con 7 máximas que los jugadores debían aprenderse y recitar antes de cada partido y que son fiel reflejo de su maniática puntillosidad. Una, la primera, es la base de todo su juego, el resumen perfecto: el equipo que menos errores comete, gana (excepto que tu Qb sea Patrick Herbert). Permaneció en el cargo hasta 1952, con dos paradas técnicas para servir a su país. En 1935, con el cargo de General de Brigada, fue llamado al servicio activo y movilizado a Panamá. Unos años más tarde, ya con el telón de la segunda gran guerra alzado, se encargó de dirigir al All-Army Eastern Team, un equipo formado por jugadores universitarios y profesionales de las bases de entrenamiento militar. Tipos que se estaban formando para ir a la guerra y cuya primera misión, en suelo patrio, fue recaudar fondos para el Ejército de Salvación enfrentándose a equipos de la NFL en partidos benéficos. Reyland dirigió a sus chicos del Este contra los Giants, contra los Brooklyn Dodgers y contra los Chicago Bears y solo perdió contra estos últimos, que eran los campeones de la liga en aquel momento. En el oeste, el Mayor Wallace Wade, entrenador de Duke, se encargó de dirigir al Western Team y entre ambos equipos recaudaron casi 250 mil dólares.

Más tarde, Neyland fue destinado a Asia donde supervisó el transporte de material bélico y humanitario a través del Himalaya para auxiliar a las tropas del General Stillwell, jefe del equipo técnico americano que ayudaba al Generalísimo Chiang Kai-Shek en su guerra contra Japón. Recibió diferentes distinciones y medallas y fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico, pero a él lo que le llenaba los pulmones era el football. Se retiró del ejército en 1946 y regresó a los banquillos de Tennessee. Se convirtió en el segundo entrenador, junto con Frank Leahy de Notre Dame, en ganar dos títulos nacionales con la misma Universidad pero en periodos no consecutivos. Cuando se retiró, había ganado 176 partidos de los 213 disputados, estuvo 6 temporadas enteras invicto: 112 de sus victorias fueron a 0. Su equipo estuvo 17 partidos seguidos, 71 cuartos, sin recibir un punto. Récord que aún hoy se mantiene y que tocó a su fin de la manera más dolorosa: al perder contra Southern California 14-0 en la Rose Bowl. Ese Tennessee de 1939 fue el último conjunto en conseguir una temporada entera sin encajar ni un solo punto en contra.

Parte de su éxito fluye de la innovación. Fue el primer entrenador en usar teléfonos en la banda y vídeos de partidos para estudiar a sus rivales. Aligeró las protecciones para que sus jugadores fueran más rápidos y elusivos e introdujo las camisetas con tiras de velcro y otros materiales que se rompieran fácilmente y así evitar que los placaran: apostaba por la velocidad frente a la dureza. El estadio de los Volunteers se llama Neyland Stadium no sólo en su honor sino porque él mismo lo diseñó y una estatua suya de bronce, de unos 3 metros de altura, recibe a los aficionados entre las puertas 15 y 17. Hoy los chicos de Tennessee rendirán homenaje al viejo General con unos uniformes grises especiales y un casco diseñado para la ocasión. Si tienes oportunidad de ver el partido este es el motivo de dicho homenaje: el último viaje de Robert Neyland (spoiler: ganó Tennessee en un apretado partido contra Auburn)

Descubre más desde Los Índies de la NFL
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


