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College Football

Made in America o Guía NCAA para dummies (II)

Un día, alguien que sabía de tu pasión por la NFL te habló del College. Tú, curioso e inocente, decidiste asomarte al insondable mundo del fútbol americano universitario a través del equipo de un estado al que le tenías especial cariño, o que te sedujo por sus colores, su peculiar sobrenombre o por un partido en el que se llevó la victoria con un touchdown milagroso cuando no quedaba tiempo en el reloj. Y, de repente, te diste cuenta de que aquella era la mejor versión del mejor deporte. Pero también percibiste el problema: ¿cómo entender su compleja organización? ¿A quién demonios se le ocurrió ese marasmo de conferencias, volubles calendarios y divisiones?

Entonces, probablemente, con tu espíritu indie, aterrizaste en el maravilloso artículo (https://indiesnfl.es/2025/08/16/roughing-the-viewer-o-guia-ncaa-para-dummies-i/) en el que Hugo Manero explica cómo funciona el sistema de competición del fútbol americano universitario en su categoría más excelsa, la que agrupa a los grandes prospectos cuando llegan del instituto, aquellos que sueñan con llegar algún día a la NFL: la FBS. Y si no es así, para y pincha en el enlace porque, antes de abordar lo que se va a explicar aquí, es necesario tener esas nociones que te permitan seguir sin condicionantes el football universitario de agosto a noviembre.

Pero, ¡ay amigo! ¿Creías que eso era todo? El College football sigue los mismos patrones que la vida, e igual que cuando crees que ya conoces a tu hijo adolescente y su peculiar lenguaje (lleno de chill, bro y crush) todo pega un giro y llega crecido, tatuado y con nuevos ‘palabros’ en su vocabulario (como PEC, NPC y funar), la NCAA también cambia y, a partir de diciembre, algunos de los equipos que seguías no volverán a jugar un drive hasta el agosto siguiente mientras otros se meten en playoff, unos cuantos se juegan el campeonato de su conferencia e incluso más de la mitad acaban disputando partidos que, aunque se denominen bowls, tienen poco de tazón pero, eso sí, bastante de súper en muchos de los casos.

DJ Lagway y sus Florida Gators vencieron en la pasada Gasparilla Bowl. Imagn Images

¿Quieres conocer más de la digievolución que la NCAA ha introducido en los últimos años en su calendario invernal hasta que acabes “sirviendo” Nacional o defiendas con tus amigos la Gasparilla Bowl con un “y la queso”? Sigue leyendo que los Indies te contamos la historia del sistema, quiénes y cómo se clasifican actualmente al playoff y por qué puedes hacerte un calendario casi diario de football para tus vacaciones navideñas gracias a las bowls.

Historia del sistema

Durante décadas el campeón nacional se decidía mediante rankings que elaboraban distintas asociaciones que seguían la temporada. La más conocida de ellas, la Associated Press, comenzó a hacerlo en 1936 y su criterio se consideraba como el principal hasta que en 1950, la United Press creó el ‘Coaches Poll’, o ‘Encuesta de entrenadores’, como principal competencia de la clasificación elaborada por AP.

Además, hasta finales de la década de los 60, estos rankings se elaboraban antes de la disputa de las cada vez más numerosas bowls. Por ello, en ocasiones, el que figuraba como primer clasificado en el ranking perdía su último partido de la temporada, pese a lo que seguía reclamando el título, que también reivindicaba para sí la universidad que le había ganado esa bowl.

Tras varios infructuosos intentos por aunar los criterios con los que dar un solo ganador, en 1998 se consiguió convencer a todas las conferencias para unirse al Bowl Championship Series, un sistema que incorporaba los dos principales rankings (AP y entrenadores) y el cálculo por ordenador de otros independientes para nombrar a las dos mejores universidades del país. Estas se jugaban el campeonato nacional en una de las cuatro bowls más prestigiosas (Fiesta, Sugar, Orange y Rose), que iban rotando en su denominación como BCS National Championship Game.

Los Tennessee Volunteers, vencedores de la primera BCS en 1998. Tennessean File

Sin embargo, las acusaciones sobre la AP-Poll por su favoritismo con determinados programas dio lugar a un nuevo cambio: el ranking lo realizaría, a partir de 2014, un comité de 13 miembros conformado por ex entrenadores, antiguos directores deportivos de las universidades y periodistas. Además, se sumaron dos nuevos equipos en el primer sistema de eliminación multipartido que se daba en la historia del fútbol americano universitario. Nacía el College Football Playoff.

Sistema actual de playoff

Así llegamos hasta el día de hoy. O más bien, de ayer. Porque fue en 2024 cuando se amplió hasta la docena el número de equipos que disputan el playoff. Y como buen hijo en esa etapa postadolescente en la que todavía no es adulto y no sabe qué va a hacer con su vida, en vez de simplificarlo la ampliación del playoff ha complejizado aún más el sistema.

Si antes la clasificación se determinaba puramente por ranking, ahora entran en juego los títulos conferenciales. Y es que los cinco campeones de conferencia mejor rankeados tienen su puesto asegurado para el playoff aunque alguno de ellos no esté entre los 12 mejores de la lista del comité. Una estratagema utilizada por las ‘Power Five’ para asegurar la presencia de, al menos, un equipo de cada una de esas conferencias, pero que, con el éxodo de universidades de la PAC-12 y la conversión en ‘Power Four’ (SEC, Big Ten, Big XII y ACC), ha acabado siendo una bendición para las ‘Group of Five’, que cuelan al menos un representante en el playoff.

Además, la temporada pasada los cuatro mejores campeones conferenciales tenían otro premio al evitar la primera ronda. Sin embargo, desde este año, serán los cuatro equipos mejor rankeados los que pasen indemnes esa primera ronda, sean o no campeones de su conferencia, lo que otorga de nuevo importancia al ranking.

Así, con los cinco campeones de conferencia mejor rankeados y los siete equipos restantes que se encuentren más arriba en el ranking, se configuran actualmente los College Football Playoff. Los partidos de la primera ronda no reciben nombre, pero a partir de los cuartos de final, los encuentros se denominan con las seis bowls más prestigiosas del país: Cotton, Fiesta, Orange, Peach, Rose y Sugar. De esta forma, las universidades que ganan sus partidos de cuartos y semifinales reciben el distintivo como campeones de esa bowl y pasan a la siguiente ronda hasta que quedan los dos finalistas, que disputan el College Football Championship Game: el título nacional.

Ohio State ganó el último título nacional ante Notre Dame (34-23). The Associated Press

De hecho, desde cuartos de final, los equipos mejor rankeados dejan de disputar los partidos en su estadio y aunque siguen figurando como locales, los encuentros se desarrollan en las ciudades que tradicionalmente han albergado las seis bowls mencionadas: la Cotton Bowl en Arlington (Texas), la Fiesta Bowl en Glendale (Arizona), la Orange Bowl en Miami (Florida), la Peach Bowl en Atlanta (Georgia), la Rose Bowl en Pasadena (California) y la Sugar Bowl en Nueva Orleans (Louisiana). La final también se disputa en terreno neutral, y esta temporada será el Hard Rock Stadium de Miami el que la acoja el lunes 19 de enero. Porque sí, la final se juega en lunes, y es la última y más importante de las 41 bowls con las que cuenta la División I del college football en su subdivisión más relevante: la FBS.

Las bowls

Las bowls son partidos con mayor o menor tradición dentro de la historia del fútbol americano universitario que, debido al exiguo número de equipos que hasta la campaña pasada disputaban el playoff, servía a muchos programas menores para marcarse un objetivo de temporada. Y es que, como normal general, los programas que acumulan al menos seis victorias durante la campaña reciben una invitación para disputar una de las bowls que se diseminan entre los 20 últimos días de diciembre y los primeros días del nuevo año.

Con la expansión del playoff, las más prestigiosas, históricas y económicamente dotadas se han configurado como cuartos y semifinales, pero sigue habiendo encanto y tradición en muchas de las otras 34 bowls que se disputan a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Por ejemplo, la Sun Bowl de El Paso, la Gator Bowl de Jacksonville, la Citrus Bowl de Orlando o la Liberty Bowl de Memphis tienen, como las seis encajadas en los playoff, más de medio siglo de historia a sus espaldas, y en la retina de los más veteranos permanecerá la histórica remontada de BYU ante SMU en la Holiday Bowl de 1980, cuando los Cougars consiguieron dar la vuelta a un marcador que tenían 20 puntos abajo cuando quedaban solo dos minutos y medio para el final.

Snoop Dogg, centro de atención en la Arizona Bowl que lleva su nombre. Getty Images

Por no olvidar los nombres más peculiares. Famous Idaho Potato, Pop-Tarts o Gasparilla lo llevan desde su inicio pero la entrada masiva de patrocinadores desde los años 90 deja hoy en día denominaciones como Wasabi Fenway Bowl, Taxpayer Gator Bowl, Tony the Tiger Sun Bowl, Bad Boy Mowers Pinstripe Bowl y hasta la Snoop Dogg Arizona Bowl, que entrega el propio cantante. Made in America.


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