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LOS ÍNDIESDE LA NFL
College Football

Rocco y sus hermanos

Quizá ni los más antiguos se acuerden, pero hace ya dos décadas, exactamente 20 años, la discusión sobre qué tipo de quarterback era mejor se dividía entre los partidarios del prototípico y totémico pasador alto y con un cañón por brazo que resolvía los duelos a base de misiles tierra-aire, y los que defendían al líder que, carente de fuerza pero hiperpreciso en el corto yardaje, dominaba no tanto desde el acierto como por la ausencia del fallo y, sobre todo, ganaba partidos. Y títulos. Básicamente, Peyton contra Brady. Que al año siguiente el mayor de los Manning se alzara con su primer Lombardi o que un par de temporadas después Tom se destapara como el capitán del festival aéreo que fueron aquellos Patriots de la campaña casi perfecta nada tiene que ver con esta historia. O sí.

Porque la reflexión viene a colación de cómo la realidad está destrozando la expectativa de lo que la mayoría de aficionados esperábamos de los principales quarterbacks del college football en estas primeras jornadas de la temporada 2025. Los fuegos artificiales anunciados se han quedado, de momento, en sonoros petardos. La mitad de los pases profundos de los DJ Lagway, Cade Klubnik, Austin Simmons, Arch Manning o Sam Leavitt se pasan de frenada si no terminan en manos de los rivales. Los grandes brazos llamados a liderar una generación y los próximos draft de la NFL están, cuanto menos, generando dudas. Y, ante este panorama, surgen nuevos nombres que, más que por sus espectaculares aciertos, están destacando por la ausencia de fallos. Líderes, al fin y al cabo.

Rocco Becht, con su equipo en el Trice Stadium. / Jacqueline Cordova, CycloneFanatic

Entre todos ellos, hay uno que me está llamando poderosamente la atención precisamente por la falta de esta que se le presta, pese a tener a un programa de tradición perdedora con el casillero de derrotas a cero. Rocco Becht, el quarterback de los Cyclones de Iowa State, no está ni entre los 50 con más yardas de pase y sus siete touchdowns le sitúan fuera, al contrario que a su equipo, del ‘top 25’ de la posición. Tampoco es el que mejor porcentaje posee, ni desde luego el más alto con su 1,85 de estatura, pero sí destaca en dos categorías. La de intercepciones, donde acumula solo una que ni siquiera fue culpa suya y, sobre todo, la de victorias, con cuatro, dos de ellas además contra rivales que partían como favoritos, como Iowa y Kansas State, que se quedaron por el camino por cometer más errores que el joven quarterback de Wesley Chapel (Florida).

Rocco gana, y no es el único. Garrett Nussmeier, el cuestionado quarterback de LSU el pasado año por la profundidad de su suelo pese a la altitud de su techo, está subiendo cada jornada el nivel de la superficie de sus valles precisamente haciendo lo que le exigían sus detractores en 2024: cometer menos fallos. A cambio de la seguridad de la que está dotando al ataque de los Tigers, está limitando al extremo los sorprendentes pases en medio del tráfico que tantas alegrías pero también desazones provocó la campaña anterior en la afición de su equipo. Pongamos que es un quarterback más aburrido, lo que le está restando opciones para alzar el Heisman o ser número 1 del próximo draft. Pero gana.

También está limitando sus errores la gran esperanza de la clase recién llegada del instituto al college. Bryce Underwood no tuvo su mejor día cuando no le quedó más remedio que tratar de echarse a sus Michigan Wolverines a las espaldas en el primer partido exigente de su joven carrera como jugador universitario al enfrentarse a Oklahoma. Un paupérrimo 37,5 por ciento de pases completados y una dura derrota contra los Sooners fulminó las quizá excesivamente altas y precipitadas expectativas puestas en un chaval que acaba de cumplir los 18 años y le quitó el foco de encima. Una situación que le ha beneficiado porque, desde entonces, Underwood ha limitado sus errores, empieza a encontrar ritmo en sus drives y, por el momento, eso le ha llevado a anotar una victoria contra Nebraska dejando que resolviese el partido tanto el juego de carrera como la defensa. Como hizo otro Wolverine recién llegado a la NFL hace ahora un cuarto de siglo. ¿Les suena?

Tom Brady, con los Michigan Wolverines. / Rick Stewart, Getty Images

Podríamos seguir: Marcel Reed con sus Texas A&M, que iguala en yardas e incluso empeora sus porcentajes con respecto a Becht pero mantiene también a su equipo invicto; Gunner Stockton, que pareciera como si hubiese querido dejar escondido el potencial de su brazo durante las dos primeras jornadas para soltarlo cuando se requería, en el primer partido exigente que los Bulldogs se llevaron contra los Volunteers de Tennessee; Beau Pribula escogiendo inteligentemente que fuese la defensa de los Mizzou Tigers la que permitiese anotar el sufrido triunfo contra South Carolina; o Tommy Castellanos que, desde un estilo diferente basado en la carrera y limitando el pase a lo exclusivamente necesario, está liderando con su aura al segundo ataque que más puntos por partido lleva en esta temporada. Porque lo de los Seminoles de Florida State está siendo apabullante.

Limitar daños para sumar victorias. Elegir perder drives para ganar partidos. En una temporada en la que los grandes números escasean entre los quarterbacks (a excepción del sensacional inicio de campaña de Fernando Mendoza con Indiana), quizá la postura más inteligente haya sido la de aquellos que han escogido afrontar sus límites para tratar de ocultarlos como forma de ganar, por el momento, todo. Ni una concesión a la fantasía en un (neo)realismo bien propio de la primera época de Visconti.

Mientras, los que lideraban en agosto la lista de favoritos al Heisman suman decepciones no solo por sus números, sino en forma de derrotas de sus equipos. Los Clemson Tigers de Klubnik ya dan prácticamente por finiquitadas sus opciones de playoff en apenas cuatro partidos. Arch Manning ha dejado más dudas que certezas pese a jugar con tres rivales muy inferiores tras el decepcionante inicio contra Ohio State, en un análisis que se repite con Drew Allar. Las intercepciones a DJ Lagway y Sam Leavitt han lastrado el balance de Florida y Arizona State y LaNorris Sellers, pese a su buen desempeño, no ha podido voltear la situación de South Carolina, que acumula dos derrotas. Solo Nussmeier, Stockton y Sayin mantienen el tipo con esa aproximación antropológicamente pesimista que, como ‘hermanos’ de Rocco, les mantiene en la discreción de los números individuales pero en la perfección de los colectivos.

Cade Klubnik y Dabo Sweeney tras una derrota de Clemson. / The Sporting News

Queda mucho, está claro. Dos tercios, casi un mundo. Las estrellas que han visto atenuada su luz en estas cuatro primeras jornadas aún tienen tiempo de volver a brillar y nada asegura, dada la dureza de sus rivales en la semana cinco, que en apenas un par de días todo lo dicho sobre Nussmeier, Stockton o el propio Becht no tenga que matizarse por una mala actuación en estos días en que la sobrerreacción, de la que este artículo también peca, marca cada jornada del college football. Pero, como pregonaba con su arte el bueno de Luchino, solo podemos contar pasado y presente para tratar de adivinar trazos, patrones y tendencias del futuro y, por el momento, el riesgo está penalizado en una FBS que, salvo maravillosas excepciones como el Tennessee-Georgia de la semana 3, cada vez abraza más el no fallar para ganar. La religión de Rocco y sus hermanos.


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