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LOS ÍNDIESDE LA NFL
College Football

The War Bowl

De los tres partidos previstos solo uno llegaría a jugarse. Tenían pactado un triangular, aunque por aquel entonces no se usaba esa palabra. Apenas un par de días después de desembarcar, los chicos de la Universidad de Willamette, un pequeño College de Salem, Oregón, perdieron 20-6 contra Hawaii. Los Bearcats le echaron la culpa al clima, los casi treinta grados que se encontraron no tenían nada que ver con las nevadas y las temperaturas bajo cero que habían dejado en casa y, sobre todo, al viaje en barco (algunos se marearon y apenas podían retener el alimento en el cuerpo, perdieron peso y su estado físico dejaba que desear). Muchos de los 24 mil espectadores que llenaron el estadio vestían uniforme. La mayor parte morirían el día siguiente.

El tercer equipo en discordia era San José State University. Una escuadra joven en la que apenas quedaban miembros del equipo que un par de años antes había terminado 13-0, el mejor récord en la historia del programa. La noche antes de zarpar se unieron con sus compañeros de Oregon: en total eran 52 jugadores más un puñado de entrenadores, amigos y familiares. Sabían a dónde iban y la época que les tocaba vivir. James Fitzgerald, uno de los jugadores de Willamette, se había comprometido con la Universidad precisamente por la promesa de ese viaje: tenía muchas más ofertas y todas eran mejores. Antes de salir del puerto de San Francisco, les hicieron firmar un documento en el que se comprometían a cuidar primero de las mujeres y los niños en caso de que el barco fuera atacado. Sin embargo nadie lo creía posible. El ataque.

El SS Lurline era un trasatlántico de lujo que cubría la ruta entre California y Hawaii. Aquel fue su último transporte de civiles hasta 1947. Su minuto de fama lo obtuvo en un primer plano en la película multipremiada De aquí a la eternidad. Durante la guerra fue pintado de gris y usado para el movimiento de tropas por el Pacífico. Pero aquel día de noviembre la guerra parecía muy lejana y todo eran risas y canciones entre los 783 pasajeros a bordo. Unas 48 horas después de partir, el primer asistente operador de radio, Leslie E. Grogan, empezó a interceptar señales de baja frecuencia, presumiblemente de la estación JCS de Yokohama. A lo largo de dos noches enteras, Grogan estuvo oyendo las señales. Al llegar a Honolulu, el día 3 de diciembre, se personó en las oficinas de la inteligencia naval y puso en conocimiento del teniente George Warren Pease lo que había sucedido. No parece que el tema pasara de ahí.

Después del primer partido, los visitantes tenían varios días libres hasta el 13, fecha en la que se iba a disputar el encuentro entre San José y Hawaii. Aprovechando la coyuntura, se habían planeado picnics, vistitas turísticas en autobús y un montón de planes divertidos más para el día 7. Un par de jugadores de Willamette, incluso, habían quedado con otros de Hawaii para que estos les enseñaran la isla. Desayunaron temprano y las primeras pasadas de los aviones les cogieron con las tazas de café en la mano, en el porche del hotel Moana. Shirley McKey, que entonces tenía 18 años, recuerda ver los aviones rasantes a un palmo del agua y que su padre, el senador McKey, que luego se convertiría en Gobernador de Oregón y en Secretario del Interior con Eisenhower, le dijo que no se preocupara, que eran maniobras de entrenamiento. Ambos pertenecían al grupo de Willamette. No fueron los únicos que creyeron que estaban viendo unas prácticas de combate. Unas especialmente realistas. Hasta que el humo se hizo denso, negro y las llamas y las sirenas rasgaron el aire, siguieron creyendo que no podían ser otra cosa que un ejercicio táctico más.

James Fitzgerald fue uno de los primeros que se fijó en el círculo rojo bajo una de las alas de los aviones. Fue horrible. Lo que vivieron jamás se les olvidaría. Aunque ninguno salió herido aquel día. Con la llegada de la noche, la policía de Honolulu y el Ejército buscaban voluntarios para asegurar la isla. Pronto supieron de dos equipos de football que estaban de visita. Les dieron armas antiguas, de la Primera Guerra Mundial, y se asignó a cada policía un jugador para que fueran en parejas. Casi ninguno había empuñado antes un arma. Parecían más un peligro para sí mismos que para cualquiera. Durante 10 días se cavaron trincheras en las playas, se movió armamento y se esperó sin que nada relevante sucediera. La llegada del SS President Coolidge, con heridos procedentes de Filipinas, alteró el status quo. El entrenador de Willamette, Roy ‘Spec’ Keene, negoció con los responsables militares que el grupo de visitantes pudiera volver a California a bordo del Coolidge y a cambio se comprometían a cuidar de los heridos de Pearl Harbour que se iban en el barco. La mayoría con quemaduras de diversa intensidad. Este viaje de vuelta es lo que más les marcó, cada jugador pendiente de un herido, durmiendo todos en la cubierta por si los submarinos. Salieron el día 19 en compañía del Crucero Detroit, los destructores Reid y Cummings y el barco de transporte USS Hugh Scott. Cuando cruzaron bajo el Golden Gate cantaban California, here we come en una escena emotiva en la que no faltaron lágrimas. Era el día de Navidad de 1941.

No todos abandonaron la isla. 7 se quedaron. Fred lindsey y Ken Stranger se unieron ala policía de Honolulu. Joseph Allen, Chet Carsten, Jack Lercari y Bill Donnelly también se quedaron por unos u otros motivos. De entre los que se fueron, la mayoría se alistaron y vivieron historias dignas de película. Algunos lucharon en dos guerras, incluso en tres.

Hans Wiedenhofer, descendiente de alemanes, estaba en Iwo Jima el día que 6 soldados americanos levantaron una bandera en la cima del monte Suribachi (nota funda-mental: ver las películas de Clint Eastwood, ver todas las películas de Clint Eastwood).

El Center y segundo capitán de los Spartans de San José, Robert Hamill estuvo en Korea y en Vietnam después de la segunda guerra mundial. Su compañero de equipo, Kenneth C Bailey no tuvo tanta suerte y murió en combate poco después de Pearl Harbour. Ted Oghdal, que jugaba para Willammett, fue herido por un disparo en una playa de Okinawa y luego bayoneteado y dado por muerto.

La lista es triste y es larga. El domingo se cumplían 84 años del bombardeo de Pearl Harbour y fue el primero sin la presencia de ningún superviviente. Vayan estas líneas en recuerdo de unos muchachos que cruzaron el pacífico para jugar unas bowls y se encontraron de frente con un pedazo de la historia.


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